El Gobierno oculta gasto y crece una pregunta: ¿qué hay detrás del superávit fiscal?

Caputo abusa de la contabilidad creativa para sostener la ficción de un superávit fiscal. Los mercados por ahora capitalizan las ganancias por el impulso de la elección de Brasil pero suman dudas por la marcha del plan. El equipo económico reconoció dificultades para cumplir el programa financiero.

El Gobierno resolvió hoy ocultar el pago de 221 mil millones de pesos de contratos atrasados de obras públicas suspendidas con bonos de la deuda en pesos, con una maniobra contable que evita considerar ese gasto para medir el resultado fiscal primario y el costo financiero para que no se refleje en el resultado financiero, de tal manera que no afecte la meta de superávit primario que pactó con el Fondo Monetario Internacional.

Es otra de las maniobras de contabilidad creativa que lleva adelante la administración del presidente Javier Milei y el ministro de Economía, Luis Caputo, para insistir con el discurso de orden fiscal, pese a que no se cumple, todo amparado por la decisión política del Fondo Monetario Internacional de no exigir el cumplimiento de las prácticas contables internacionales para la ficción del programa de ajuste exitoso.

La inconsistencia del programa económico, sumando a las dudas que generan las políticas monetaria y cambiarias dispararon el Riesgo País arriba de los 650 puntos la semana pasada, solo compensada parcialmente en las dos primeras ruedas de esta semana por la capitalización de oportunidades que se generaron en el mercado emergente a partir del resultado de la primera rueda electoral en Brasil.

El fuerte repunte del valor de la deuda argentina, que permitió bajar de 651 puntos a 573 puntos el riesgo país, lo ubica todavía entre 400 y 500 puntos por encima del resto de los países de la región, lo que refleja solo la decisión de aprovechar precios de default que empezaban a mostrar los bonos argentinos por los temores del programa financiero.

El ministro Caputo dijo que tiene 75 mil millones de dólares para defender el próximo año el valor del peso en caso de una corrida cambiaria, en una cuenta que alarmó a los inversores porque considera disponibles fondos que no lo son, como el swap con China que requeriría de una autorización especial o el acuerdo con el Tesoro de Estados Unidos que no se conoce el alcance, pero además porque harían imposible después afrontar el pago de los servicios de la deuda.

El equipo económico cambió el discurso y la dolarización de ahorros que el presidente Milei denunció como un intento de golpe de estado ahora “no es desestabilizador, sino estabilizador” según el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning.

“El 75% de los dólares oficiales que compran los ahorristas quedan en el mercado local. El dato cobra relevancia al ver que un año atrás, en plenas elecciones legislativas, esa cifra representaba el 50%. A pesar de haber salido del cepo cambiario hace muy poquito, el ahorro que hacen los argentinos comprando dólares no es desestabilizador, sino estabilizador: alimenta al mercado de capitales, alimenta el fondeo de los bancos y provee la materia prima para la inversión doméstica”, afirmó Werning

La decisión tomada este martes de ocultar pagos de obras públicas atrasadas por 221 mil millones de pesos con bonos que vencen el 33% el S30O6 el 30 de octubre, el 33% con el T15E7 que vence vence el 15 de enero de 2027 y 34% con el T39A7 al  30 de abril de 2027 está directamente relacionada con la decisión de no hacerlos figurar en el resultado fiscal.

No se trató como en otras oportunidades de utilizar bonos para postergar los pagos en el tiempo sino para pasar el gasto por “debajo de la línea” una técnica presupuestaria para ocultar los gastos y evitar que afecten el resultado fiscal.

“Probablemente se cancelan obligaciones del Estado Nacional (en este caso, pagos a proveedores de obra pública) con instrumentos de deuda, sin que esos gastos sean devengados previamente «arriba de la línea», es decir, sin impacto en el gasto y en el resultado fiscal. En este caso, además, los instrumentos de deuda utilizados no pagan cupones (capitalizan intereses), por lo que todo el impacto fiscal de esta operación no impactará nunca en el resultado financiero”, advirtió el economista Nicolás Gadano, quien ocupó diversos cargos en Economía y el BCRA con la administración de Mauricio Macri.

“Y como el resultado fiscal se mide en base caja, al pagar gasto corriente con deuda dejamos de registrarlo como tal lo que nos permite presentar un resultado mejor al real. Jugamos al solitario y nos hacemos trampa”, agregó Christian Buteler en su cuenta de la red social “X”.

Lo mismo viene realizando Economía desde principios de año, por ejemplo, con el giro del acuerdo con la Ciudad de Buenos Aires en la Corte Suprema de Justicia que lo obliga a transferir 1,5% de coparticipación y que solo un mes figura como gasto y el resto desapareció de la contabilidad pese a que CABA confirmó que los recibe cada mes.

El giro de coparticipación a CABA, estimado en unos 900 mil millones de pesos, y este pago por 221 mil millones de pesos son prácticamente la mitad del resultado financiero de 2,3 billones de pesos que mostró el Gobierno y que ya se ubicaba por debajo de la meta comprometida con el FMI.

El pago de obra pública con los bonos escondió, además, un premio para las empresas que lo aceptaron y no denunciaron, el valor de esos bonos de toma “Precio Técnico (PT) del día previo a la entrega” que si se compara con los precios de mercado se obtiene una ganancia extra de hasta 2,7% en la especie que màs se entrega (T30A7).

“Sería oportuno que, en el marco de la discusión del presupuesto 2027, el Congreso le pida al Ejecutivo una medición alternativa y complementaria al base caja tradicional, que refleje más adecuadamente el costo de la deuda, incluyendo todos los mecanismos (capitalización, cupón cero, etc) que hoy no impactan en el resultado fiscal financiero”, reclamó Gadano.