Una familia tipo necesitó más de $1,6 millones en septiembre para no ser pobre

La canasta básica total aumentó 1,7% en el mes y 38,7% interanual, mientras que la alimentaria subió 1,7% y 40%, respectivamente. Por su parte, un relevamiento de la Fundación COLSECOR en 31 localidades del interior expuso diferencias con los valores registrados en la Ciudad de Buenos Aires.

Una familia tipo de cuatro integrantes necesitó ingresos mensuales de 1.632.505 pesos en septiembre para no quedar por debajo de la línea de pobreza, mientras que requirió 738.690 para cubrir las necesidades alimentarias básicas y no ser considerada indigente, según los datos oficiales del costo de las canastas básicas. En el mismo período, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró un aumento del 1,7% mensual y del 40% interanual, en tanto que la Canasta Básica Total (CBT), que incluye bienes y servicios esenciales además de los alimentos, subió 1,7% respecto de agosto y 38,7% frente al mismo mes del año anterior.

Más allá de la ficción de una inflación controlada, los ingresos continúan siendo insuficientes para cubrir sus necesidades esenciales en un contexto en el que los precios de los alimentos continuaron aumentando, mientras los valores relevados en distintas localidades del país mostraron diferencias respecto de los registrados en la capital porteña. Un informe de la Fundación COLSECOR, elaborado a partir de un relevamiento en 31 localidades de seis provincias, registró en septiembre un incremento del 1,8% en su canasta alimentaria y advirtió sobre las diferencias territoriales en el costo de los productos de consumo cotidiano.

La comparación entre ambos relevamientos requiere tener en cuenta que no miden exactamente lo mismo: las cifras oficiales de las canastas básicas se utilizan para establecer las líneas de indigencia y pobreza, mientras que COLSECOR releva el costo de una canasta de alimentos en localidades del interior. Aun con esa diferencia metodológica, los datos permiten observar cómo el lugar de residencia incide en el gasto necesario para cubrir las necesidades básicas y por qué un promedio nacional no siempre refleja el costo que enfrentan los hogares en cada región.

Cuánto necesitó una familia para no ser pobre

El valor de 1.632.505 pesos mensuales para una familia de cuatro integrantes corresponde a un hogar compuesto por un varón de 35 años, una mujer de 31, un hijo de seis años y una hija de ocho, de acuerdo con la composición utilizada para calcular las canastas. Ese ingreso constituye el umbral de referencia para que el hogar no sea considerado pobre según el costo de la Canasta Básica Total.

La diferencia entre ese monto y los 738.690 pesos necesarios para no ser indigente responde a los componentes que se incorporan en cada medición. La Canasta Básica Alimentaria establece el ingreso mínimo para adquirir los alimentos que permiten cubrir los requerimientos nutricionales de referencia, mientras que la Canasta Básica Total amplía esa cobertura con otros bienes y servicios esenciales. Por eso, un hogar puede contar con ingresos suficientes para superar la línea de indigencia y, al mismo tiempo, permanecer por debajo de la línea de pobreza.

En términos prácticos, la diferencia entre ambas canastas fue de 893.815 pesos mensuales para la familia tipo considerada. Ese monto representa el costo adicional que debe cubrir el hogar para alcanzar el umbral de pobreza una vez satisfechas las necesidades alimentarias contempladas en la CBA. La cifra no supone que los gastos reales de todas las familias sean idénticos, sino que expresa el valor de referencia construido a partir de la metodología estadística oficial.

La evolución interanual también muestra que el costo de los alimentos avanzó por encima del incremento de la canasta total: mientras la CBA acumuló una suba del 40%, la CBT aumentó 38,7%. La diferencia es relevante porque los alimentos constituyen un gasto difícil de postergar para los hogares, en particular para aquellos que destinan una proporción elevada de sus ingresos al consumo cotidiano.

En septiembre, ambas canastas aumentaron 1,7% mensual. Sin embargo, la comparación interanual evidencia que el encarecimiento de los productos alimentarios fue mayor que el del conjunto de bienes y servicios incluidos en la canasta total. En ese escenario, la capacidad de los ingresos para acompañar la evolución de los precios resulta determinante para establecer si una familia logra superar las líneas estadísticas de pobreza e indigencia.

Los precios en el Interior

El relevamiento de la Fundación COLSECOR mostró que una familia de cuatro integrantes que vive en las localidades del interior incluidas en el estudio necesitó $695.085 durante septiembre para cubrir su canasta alimentaria. El monto fue inferior al de la Ciudad de Buenos Aires, donde un hogar con una composición similar requirió 1.016.090 pesos para adquirir el mismo conjunto de productos, según los valores consignados en el informe.

La diferencia entre ambas mediciones fue de 321.005 pesos mensuales. En términos relativos, el costo de la canasta relevada en la Capital superó en aproximadamente un 46,2% al registrado por COLSECOR en el interior. Se trata de una comparación entre los valores informados para ambos territorios, que no debe interpretarse como una diferencia uniforme para todas las ciudades ni para todos los hogares del país.

El informe de COLSECOR indicó que la canasta alimentaria aumentó un 1,8% mensual en las localidades relevadas, con una desaceleración leve respecto del 2% registrado en agosto. Sin embargo, la suba acumulada desde enero alcanzó el 29,1%, mientras que la variación interanual llegó al 41,8%.

En la Ciudad de Buenos Aires, por su parte, el incremento mensual de los alimentos y bebidas fue del 2,1%, según el Índice de Precios al Consumidor porteño. El aumento acumulado en los primeros nueve meses del año llegó al 23,1%, de acuerdo con los datos de la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad. La comparación de las variaciones acumuladas debe considerar que los indicadores y sus coberturas territoriales no son idénticos, aunque ambos permiten observar la evolución del costo de los alimentos.

La brecha entre los montos requeridos para cubrir una misma canasta también muestra que el costo de vida no se distribuye de manera homogénea. Los precios pueden variar según la región, la disponibilidad de productos, la estructura comercial y las condiciones de abastecimiento, por lo que las necesidades de ingresos de una familia no se explican únicamente por la evolución de un indicador general.

La dispersión territorial también aparece en el Índice de Competencia de Precios del Centro de Estudios Cuantitativos en Negocios de la Universidad de San Andrés. Según el reporte citado por COLSECOR, en septiembre la diferencia promedio entre los precios de productos idénticos vendidos en distintas cadenas de supermercados fue del 3,6%, mientras que la brecha de costos entre regiones llegó hasta los 8,9 puntos porcentuales. El rubro de frutas y verduras presentó las mayores diferencias: la dispersión alcanzó el 9,2%, más de dos veces y media el promedio general informado. Detrás se ubicaron las comidas preparadas, con una brecha del 5,8%; las carnes, con el 3,9%; y los productos de almacén, con el 3,7%.