El odio racial se incrusta en las presidenciales francesas

Un atentado racista en Trappes, amenazas contra mezquitas, alcaldes y repartidores y un candidato de la derecha que retoma el lenguaje de la extrema derecha: a seis meses de la elección, Francia vive una semana de odio mientras el gobierno apunta el arsenal antiterrorista contra los manifestantes.

Francia atraviesa un otoño de alta tensión. Desde principios de octubre, los estudiantes secundarios bloquean liceos y salen a la calle para reclamar un plan de emergencia para la educación; el 17 de octubre su movimiento confluyó con el regreso de los chalecos amarillos, y las movilizaciones se repitieron los sábados 24 y 31. Este jueves 5 de noviembre, la intersindical (CFDT, CGT, FO, UNSA y FSU) convoca a una huelga interprofesional por salarios, jubilaciones y servicios públicos, a la que se suman chalecos amarillos y organizaciones estudiantiles. Pero en ese clima de protesta social, a seis meses de la elección presidencial de 2027, se instaló otro fenómeno, más oscuro: el odio racial, que ya no se esconde.

Una semana bajo el signo del racismo

El portal Mediapart hizo el balance de una semana negra: empezó con homenajes a Pengo Bossio Wangi, asesinado el 23 de octubre en Trappes (Yvelines, al oeste de París) en un atentado racista que dejó además siete heridos, entre ellos una nena de 12 años. En las concentraciones, personas racializadas y musulmanas expresaron su miedo a ser las próximas víctimas y denunciaron la banalización del racismo en los medios, en particular en el canal CNews.

Según Le Monde, una petición en el sitio de la Asamblea Nacional para «suprimir CNews del audiovisual francés», el canal del multimillonario Vincent Bolloré al que define como «una máquina de propaganda», superó el lunes 2 de noviembre las 600.000 firmas: estancada en 100.000 la semana anterior, despegó tras el atentado de Trappes y abre la puerta a un debate en el recinto. La Francia Insumisa celebró el resultado y prometió «desmantelar» el imperio mediático de Bolloré si llega al poder. «En democracia no se cierran los medios», replicó el diputado Jérémie Patrier-Leitus, uno de los voceros de campaña de Édouard Philippe.

El martes 27, la mezquita de Lodève, en el Hérault, amaneció con pintadas en rojo: « Afuera el Islam» y un sobre con la inscripción «la valija o el ataúd», una amenaza utilizada durante la guerra de Argelia. Junto a la puerta, un pájaro muerto, aceite y huevos rotos. Unos doscientos vecinos se movilizaron en apoyo a la comunidad musulmana, que recuerda todavía el asesinato de Aboubakar Cissé, apuñalado en plena oración en una mezquita del Gard en abril de 2025.

El viernes 30, el intendente de Trappes, Ali Rabeh, recibió una carta racista con un polvo blanco, que resultó ser talco. «Cada vez que la extrema derecha histeriza el debate, algunos se sienten autorizados a pasar al acto», advirtió. El sábado 31, aparecieron en comercios de París pintadas que promovían la «remigración», concepto nacido en los círculos identitarios y neonazis que designa un proyecto de limpieza étnica mediante deportaciones masivas. Un coloquio y una marcha sobre el tema habían sido prohibidos, pero el encuentro se realizó igual en una cervecería parisina, donde decenas de asistentes aplaudieron al austríaco Martin Sellner, ideólogo de la «remigración».

El diario televisivo Quotidien agregó otro capítulo: los repartidores en bicicleta, en su mayoría racializados o de origen árabe, son blanco de amenazas de muerte en un canal de extrema derecha creado en octubre en la red X. «Va a haber que matar a mucha gente», «hagan pedidos de McDonald’s en zonas perdidas y háganlos desaparecer», se lee. La fiscalía de París abrió una investigación por provocación al odio racial. Un repartidor cuenta que su mujer lo llama cada noche a las 21: «Si no contesto, no deja de llamarme».

Los terroristas que militaban en el RN

Jordan Bardella, presidente del Rassemblement National (RN), se apuró en recordar que Kevin Tessier, el asesino de Trappes, «nunca fue afiliado» a su partido. Es cierto: era un simpatizante. Según Mediapart, en sus mensajes expresaba su apoyo a Marine Le Pen y su obsesión por la inmigración; según Jean-Luc Mélenchon, en sus cajones había calcomanías del RN y en su mesa de luz un ejemplar de Mi lucha. Tessier dijo haber querido «vengar» a los comerciantes saqueados durante las protestas del 17 de octubre.

Lo que Bardella omite, revela el periodista Matthieu Suc en Mediapart, es que al menos ocho hombres condenados por asociación ilícita terrorista de extrema derecha pasaron por las filas del Frente Nacional, hoy RN, como candidatos, responsables locales o militantes. Es el único partido francés en ese caso. Entre ellos, Logan Nisin, condenado a nueve años de prisión por fundar un grupo que planeaba atentados contra «yihadistas, árabes, negros», que había integrado el equipo de campaña del FN en 2017; Denis Lang y su yerno Thibaud Rufra, candidatos en la lista «Haguenau Bleu Marine» en 2014 y condenados por planear un atentado contra una logia masónica; o Guy Sibra, ex policía y fundador del grupo AFO, que planeaba envenenar comida halal y atacar mezquitas. Ya en 2023, la Fiscalía Nacional Antiterrorista advertía que «la centralidad de las tesis de la extrema derecha en el debate público tiende a legitimar las de la ultraderecha».

El antiterrorismo, contra los manifestantes

Paradójicamente, el gobierno de Sébastien Lecornu eligió apuntar el arsenal antiterrorista hacia otro lado. Su ministro del Interior, Laurent Nuñez, dictó decenas de asignaciones a residencia preventivas contra manifestantes, con prohibición de salir de su comuna y obligación de presentarse dos veces por día en la comisaría. El motivo invocado: su participación en las movilizaciones del 17, 24 y 31 de octubre y un contexto calificado de «insurreccional». En un escrito judicial, el ministerio sostiene que ciertos actos cometidos durante las protestas «pueden ser calificados de actos terroristas». Para Mediapart, es la primera vez que la participación en un movimiento social es considerada explícitamente como un elemento de amenaza terrorista: un paso «inédito y decisivo hacia un régimen iliberal».

Edouard Philippe y los «franceses de papel»

En este contexto, el candidato de la derecha Édouard Philippe, ex primer ministro de Emmanuel Macron durante tres años, eligió cazar en las tierras de la extrema derecha. En una entrevista con el semanario Le Point, afirmó que en los saqueos del fin de semana del 17 de octubre «la sobre representación de jóvenes surgidos de la inmigración era patente», y citó al escritor Charles Péguy para invitar a «ver lo que se ve». El domingo 1º de noviembre, en el noticiero de TF1, insistió: entre los autores de saqueos había «un número importante de jóvenes franceses -los considero franceses-, surgidos de la inmigración». Lo dijo una semana después del atentado de Trappes. Para el diario L’Humanité, sus palabras no están lejos de los «franceses de papel», fórmula con la que la extrema derecha descalifica a los ciudadanos de origen inmigrante. Philippe promete además dividir por dos la inmigración legal, restringir el reagrupamiento familiar, denunciar el acuerdo franco-argelino de 1968 y restablecer un servicio nacional obligatorio para la juventud que hoy protesta.

En su entorno Nathalie Loiseau, secretaria general de su partido Horizons, que militó en su juventud en el GUD, grupo estudiantil de extrema derecha, repitió el argumento en France Info. La vocera del gobierno, Maud Bregeon, que apoya su candidatura, fue más lejos: Philippe «dijo en voz alta lo que muchos franceses piensan en voz baja». «Palabra por palabra lo que el FN decía de Jean-Marie Le Pen en 2002», replicó la candidata ecologista Marine Tondelier, según el diario Libération: «El deslizamiento de la derecha se acelera. Pronto se viene la avalancha». El socialista Olivier Faure acusó a Philippe de «derivar en las aguas negras de los prejuicios racistas». La única voz crítica fuera de la izquierda fue la de Dominique de Villepin, ex primer ministro de Jacques Chirac, que denunció un «vuelco político»: «ver lo que se ve» equivale a «esencializar» a las personas por su religión o su color de piel. El lunes, Philippe intentó corregirse en X, invocando una «Francia diversa y reunida» y la lucha contra las discriminaciones. Respondía a Mélenchon, que lo acusa de hablar por «clientelismo racialista». En caída en las encuestas, el ex primer ministro sigue siendo el candidato del centro y la derecha mejor ubicado, en una campaña dominada por el RN y La Francia Insumisa.

La respuesta de Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, llegó en su blog. Tras visitar Trappes, describió «una población paralizada por el miedo» y denunció los «dichos racistas de Édouard Philippe, que estigmatizan a la juventud “surgida de la inmigración”», repetidos sin réplica en TF1: «culpables posibles de generación en generación», ironizó. Y apuntó contra los canales de noticias que, a su juicio, alimentan a los «vengadores» como Kevin Tessier. Su conclusión resume el clima de la pre campaña: «En Trappes, cuando un auto frena, uno tiene razón en tener miedo, sobre todo después de lo que se habló en la tele».